Cuentos Chinos
Cuentos Chinos «Me he encontrado unas perlas en un escudo de piel de sapo, he arrojado una al agua y las aguas se han abierto ante mí». «Si es así —le contestó el dragón—, ven conmigo al mar y viviremos juntos». Él se dio cuenta de que era el mismo dragón que había visto en la cueva. También estaba allí el joven con el que le unían lazos de amistad eterna. Era el hijo del dragón.
«Has salvado a mi hijo y sellado un pacto de amistad con él, así que yo seré como tu padre», le dijo el viejo dragón, y lo obsequió con vino y comida.
Un día le dijo su amigo: «Seguro que mi padre quiere recompensarte, pero no cojas ni dinero ni piedras preciosas, coge sólo el recipiente de calabaza que está allí; con él puedes encantar lo que quieras».
Y así fue. El dragón mayor le preguntó lo que quería como premio y él le contestó: «No quiero dinero ni piedras preciosas, sólo quiero la cantimplora de calabaza que tienes ahí».
Al principio el dragón no se lo quería dar, pero al final se lo entregó y él se marchó del palacio del dragón.