Cuentos Chinos
Cuentos Chinos De esta forma se fue a la casa de la mujer, donde estaban las dos hijas, y llamó a la puerta: «¡Abrid la puerta, hijas!, que vuestra madre ha vuelto».
Pero ellas miraron por una rendija y contestaron: «Nuestra madre no tiene los ojos tan grandes».
La pantera Ies respondió: «He estado en casa de la abuela y he visto cómo ponían huevos sus gallinas; me he alegrado y por eso se me han puesto tan grandes los ojos».
«Nuestra madre no tiene esas manchas en la cara».
«La abuela no tenía cama y he tenido que dormir sobre los guisantes, que se me han clavado en el rostro».
«Nuestra madre no tiene esos pies tan grandes».
«¡Estúpidas! Es de tanto andar. ¡Y ahora abridme inmediatamente la puerta!».
Las hijas se dijeron entre ellas: «Pues sí que debe de ser nuestra madre», y abrieron. Pero en cuanto la pantera estuvo dentro, se dieron cuenta de que no era su madre.
Por la noche, cuando las chicas ya estaban en la cama, la pantera se puso a roer los huesos del niño que se había traído.
Las hijas le preguntaron: «Madre, ¿qué estás comiendo?». «Estoy comiendo remolacha», fue su respuesta.