Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Mientras, se había hecho de día; las hijas bajaron del árbol y se sentaron delante de la puerta de su casa llorando a su madre. En aquel momento llegó un vendedor de agujas que les preguntó por qué estaban llorando.
«Una pantera se ha comido a nuestra madre y a nuestro hermano —contestaron las chicas—. Ahora se ha marchado, pero seguro que vuelve y también nos come a nosotras».
El vendedor de agujas les dio un par de agujas diciéndoles: «Ponedlas en el cojín de la silla con las puntas hacia arriba». Las chicas le dieron las gracias y siguieron llorando.
Luego vino un cazador de escorpiones; les preguntó por qué estaban llorando.
«Una pantera se ha comido a nuestra madre y a nuestro hermano —le dijeron las chicas—. Ahora se ha marchado, pero seguro que vuelve y nos come también a nosotras».
Él Ies dio un escorpión y les dijo: «¡Ponedlo en la cocina detrás del hogar!». Las chicas le dieron las gracias y siguieron llorando.
Más tarde pasó por allí un vendedor de huevos, que les preguntó por qué lloraban.