Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Hubo una vez una viuda que tenía un hijo. Este hijo tenía un gran corazón y todo el mundo lo quería. Un día le dijo a su madre; «Los demás niños tienen una abuela, el único que no la tiene soy yo y eso me pone muy triste».
«Vamos a buscarte una abuela», le respondió su madre.
Y sucedió que llegó una mendiga a su puerta, la cual era muy pobre y estaba muy débil. En cuanto el niño la vio, le dijo: «¡Tú tienes que ser mi abuela!», y fue a ver a su madre y le dijo: «A la puerta hay una mendiga, quiero que ella sea mi abuela». La madre estaba contenta y le gritó que entrara en casa. La anciana estaba muy sucia y llena de pulgas y piojos. El niño le dijo a su madre: «¡Venga, vamos a lavar a la abuela!». Lavaron a la mujer, pero tenía muchos piojos. Se los quitaron todos y los echaron en un puchero. El puchero se llenó con todos los piojos. Entonces la abuela habló: «¡No los tiréis! ¡Enterradlos en el jardín! Pero no los desenterréis hasta que lleguen las grandes lluvias».
«¿Cuándo llegarán las grandes lluvias?», le preguntó el niño.
«Cuando al león de las dos piedras que está delante de la prisión se le pongan los ojos rojos, llegarán las grandes lluvias», le respondió la abuela.