Cuentos Chinos

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El hombre codiciaba sus perlas, fue a ver al juez y acusó al muchacho y a su madre. Ambos fueron encerrados en la prisión. Entonces Negaron los ratones y royeron la pared hasta hacer un agujero. A través del agujero entraba el perro, que Ies traía carne y el gato, que Ies traía pan, de modo que no padecieron hambre en el encierro. Pero el cuervo se fue volando y volvió con una carta para el juez. La carta la había escrito un dios y decía: «Yo recorría los caminos como mendiga en el mundo de los humanos. El chico y su madre me acogieron.

El muchacho me trató como a su abuela y no le dio asco lavarme toda mi suciedad. Por eso les he salvado de las grandes lluvias, con las que destruí la ciudad de pecadores en la que vivían. ¡Tú, juez, debes dejarlos en libertad, si no quieres que haga caer la desgracia sobre ti!».

El juez se hizo llevar ante ellos y Ies preguntó lo que habían hecho y cómo habían hecho para llegar allí sobre las aguas. Le contaron todo y coincidía con la carta del dios. Entonces castigó al hombre que se había quejado a él y Ies dejó a ellos dos en libertad.



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