Cuentos Chinos
Cuentos Chinos El hombre le dio las gracias por el regalo y se volvió al barco. Continuó su viaje hacia el oeste y un año más tarde volvió. Cuando hubo llegado a la Gran Montaña, pensó que estaría bien hacerle un relato al dios. Así que volvió a golpear en el árbol y pronunció su nombre. El emisario rojo volvió a salir del agua y lo condujo a presencia del señor de la Gran Montaña. Le contó que le había entregado la carta al dios del Río y le contó lo que había visto. El dios de la Montaña se lo agradeció mucho. Durante la comida que el dios de la Montaña había preparado para él, se retiró un momento a un lugar tranquilo. Allí vio de repente a su difunto padre, atado y cargado de cadenas, teniendo que realizar trabajos desagradables con varios cientos más de malhechores.
Entre lágrimas le preguntó: «Padre, ¿qué haces aquí?».
El padre le respondió: «Durante mi vida he pisado el pan, por eso se me condenó a trabajar en este lugar. Ya han pasado dos años y la amargura es indecible. Tú conoces al dios de la Montaña, puedes rogarle por mí que me libere de este servicio y que me destine como dios de la Agricultura de nuestro pueblo».