Cuentos Chinos
Cuentos Chinos De repente oyó un fuerte ruido en el templo, un viento helado le corrió por el rostro, de manera que le hizo volverse y mirar. Vio salir del templo a una mujer vestida con un viejo vestido rojo, cuyo rostro era tan blanco como la cal del muro. Miró a su alrededor como si temiera encontrarse a un hombre. Como el soldado no estaba falto de valor, se hizo el dormido y no se movió. Volvió a mirarla con los ojos semicerrados. Y se dio cuenta de que se sacaba una cuerda de la manga y de que desaparecía. Entonces cayó en la cuenta de que se trataba del fantasma de un ahorcado. Se incorporó silenciosamente y la siguió. Efectivamente, se dirigía al pueblo.
Cuando hubo llegado a una puerta, se escurrió a través de una rendija de la puerta del patio. El soldado saltó el muro detrás de ella. Se trataba de una casa de tres habitaciones. En la última ardía una lámpara con una llama vacilante. Miró por la ranura de la ventana y vio a una mujer de unos veinte años sentada en la cama llorando con fuertes sollozos y un pañuelo todo mojado por las lágrimas. Junto a ella había un niño durmiendo. La mujer miraba las vigas del tejado. Tan pronto se echaba a llorar como se ponía a acariciar al niño. Cuando el soldado miró con más atención, vio que el fantasma del ahorcado estaba en las vigas. La cuerda la tenía alrededor del cuello e imitaba el movimiento de los ahorcados. Cada vez que movía la mano, la mujer miraba hacia ella. Todo esto duró mucho tiempo.