Cuentos Chinos

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Con estas palabras, se puso a abrir su cesto de la ropa, sacó otros vestidos y se maquilló sirviéndose de un espejo. Luego cogió un banco y se subió en él. Ató el cinturón de su vestido y lo hizo pasar al otro lado de la viga. Ya había metido el lazo en el cuello e iba a saltar, cuando el niño se despertó de repente y se echó a llorar. La mujer se bajó y consolaba a su hijo y lo cogía. Y según lo consolaba, lloraba ella, de forma que las lágrimas le caían de los ojos como perlas ensartadas. El fantasma frunció la frente y siseó como si temiera perder su presa. Tras un momento, el niño se había vuelto a dormir profundamente y la mujer volvió a empezar a mirar hacia arriba. Se levantó, subió al banco y ya estaba a punto de enrollarse la cuerda en el cuello, cuando el soldado empezó a gritar y a tamborilear en la montaña. La rompió y entró de un salto en la habitación. La mujer cayó al suelo y el fantasma desapareció. El soldado hizo volver en sí a la mujer. Vio que en las vigas se balanceaba una cuerda como un lazo sin fin. Como sabía que era del fantasma de la ahorcada se lo llevó.

Luego le dijo a la mujer: «¡Cuida bien de tu hijo!, no tenemos más que una vida para perder». Y salió.



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