Cuentos Chinos
Cuentos Chinos En otra ocasión, en tiempos de Kienlung, se le ordenó al ministro Dschou Ling que se dirigiera a la isla de Liu-Kiu, para coronar a un nuevo rey. Cuando la flota se encontraba al sur de Corea, se levantó una tormenta y se vieron arrastrados al negro torbellino. El agua estaba tan negra como la tinta; la luna y el sol habían perdido su brillo y se extendió el rumor de que habían caído en el torbellino negro del que nadie salía con vida. Los marineros y los viajeros esperaban su fin quejándose, cuando, de repente, sobre la superficie de las aguas surgieron incontables luces como lámparas rojas. Los marineros se alegraron muchísimo y rezaron en la cabina: «Vamos a vivir —decían—, la madre sagrada se ha aparecido», y efectivamente vieron a la bella doncella de los pendientes de oro. Acariciaba con sus manos el viento. El aire se calmó y las nubes también. Era como si el barco fuera arrastrado por una mano poderosa. Acarició las olas allanándolas con la mano y, de repente, se encontraron fuera del torbellino.
Dschou Ling volvió, contó lo sucedido y pidió que se erigiera un templo a la Reina del Cielo y fuera incluida en la lista de los dioses. Y el emperador cumplió la petición.
Desde entonces en los puertos hay un templo dedicado a la Reina del Cielo. El octavo día del cuarto mes se celebra su nacimiento con ofrendas y obras de teatro.