Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Así pasaron algunas semanas y fueron confiando en él, por lo que lo dejaban andar con libertad de un sitio para otro. Con el tiempo el vendedor escuchó los gritos que lanzaban y pudo entenderlos, y no pasó mucho tiempo antes de que pudiera él mismo hablar el lenguaje de los ogros. Con lo cual ellos estaban todavía más contentos. Trajeron a una mujercita para que se casara con el comerciante. Pero él tenía miedo de ella y no se atrevía a acercarse. La mujer ogro lo tomó a la fuerza y obtuvo gran placer de él. Le regaló objetos preciosos y frutas para que se calmara y acabaron viviendo amorosamente como esposos.
Un día, todos los ogros se levantaron muy pronto y todos llevaban al cuello una cadena de resplandecientes perlas. Le ordenaron al comerciante que cocinara muchísima carne.
El comerciante le preguntó a su mujer qué significaba aquello. «Hoy es una fiesta muy importante —le dijo ella—, hemos invitado al gran rey a comer».
A los otros ogros Ies dijo: «El comerciante no tiene una hilera de perlas».
Entonces cada ogro le dio cinco perlas y ella misma añadió diez, de forma que tenía más de cincuenta perlas. Las engarzó y se las puso al cuello. Cada una de esas perlas valía varios cientos de táleros de plata.