Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Pero los ogros no entendieron lo que decía y seguían siendo desagradables. Entonces él intentó hacerse entender haciendo signos con las manos y al final parecía que habían comprendido algo. Fue con ellos al barco, se llevó los enseres de cocina a la cueva, cogió arroz, hizo un fuego y cocinó el resto del ciervo. Cuando estuvo cocido Ies hizo probarlo. Los dos seres comieron con gran placer. Después salieron de la cueva y cerraron la abertura con un gran bloque de piedra. Al poco tiempo volvieron con otro ciervo que habían atrapado. El vendedor lo despellejó, buscó agua fresca, lavó la carne y cocinó varias ollas hasta arriba. De repente apareció todo un rebaño de ogros que se comieron lo que había cocinado. Se sentían realmente con fuerzas después. Todos señalaron las ollas, que les parecían muy pequeñas. A los tres o cuatro días, uno de los ogros se trajo una olla colgada al hombro que fue la que se utilizó siempre a partir de entonces.
Ahora se amontonaban los ogros en torno al vendedor, le traían lobos y antílopes, que le hacían cocinar para ellos, y, cuando ya estaban llenos, lo llamaban para que comiera con ellos.