Cuentos Chinos
Cuentos Chinos En Annam vivía un hombre llamado Sü que se ganaba la vida como comerciante en un barco. En medio de una gran tormenta fue arrojado a una costa lejana. Allí se elevaban escarpadas montañas llenas de una vegetación pimpante. Vio algo en el campo que se asemejaba a las casas de los hombres, así que cogió las provisiones y salió a la orilla. Apenas había llegado a la montaña cuando vio, en ambas laderas, aberturas como cavernas, apretujadas como celdas de abejas. Se quedó de pie y echó una ojeada a uno de los agujeros. Dentro había dos ogros que tenían dientes tan afilados como espadas. Sus ojos eran como lámparas de fuego. Estaban desgarrando un ciervo sin cocinar con sus garras y se lo comían. El hombre se asustó muchísimo al verlos y quiso huir, pero los ogros ya lo habían visto, lo cogieron y se lo llevaron a su cueva. Los dos seres hablaban entre ellos con gritos animales. Le arrancaron la ropa del cuerpo y se lo querían comer. Él sacó rápidamente de su mochila pan y carne seca y se los dio. Ellos se repartieron los alimentos, se los comieron y pareció que Ies gustaba. Se pusieron a rebuscar en su bolsa; él les hacía señas con las manos para indicarles que ya no quedaba más.
Luego dijo: «¡Dejadme en libertad! En mi barco tengo sartenes y cazuelas, vinagre y condimentos. Con eso puedo cocinar comida para vosotros».