Cuentos Chinos
Cuentos Chinos No tuvo que esperar mucho para ver a su esposa completamente transformada entrando en el salón con los cabellos al viento, el busto descubierto y los ojos que le lloraban como fuentes. Llevaba al corzo en la mano izquierda, con la derecha le arrancó la piel, lo desgarró y se lo comió, de forma que los huesos producían chasquidos.
El hombre sintió un gran pánico. Cogió a una docena de sus criados que llevaban palos y espadas y entró en la habitación. Cuando la mujer lo vio entrar, se rasgó las vestiduras y se puso de pie, inamovible. Se había convertido en un ogro. Lanzaba rayos por los ojos, tenía dientes afilados como espadas, sus músculos estaban tensos y todo el cuerpo era azul. Todos los criados tenían miedo y no se atrevían a acercarse. El hombre, de miedo, perdió el conocimiento y cayó al suelo. La mujer ogro miró entonces en todas direcciones con miedo, como si temiera algo. Luego agarró la mitad del corzo, saltó el muro y se marchó. Lo hizo tan rápidamente que dejó tras de sí una nube de polvo. Nadie supo nunca adónde se había marchado.