Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Su mujer contestó por él y todos alabaron su cocina. Unos trajeron la carne cocinada y la pusieron en la mesa. El gran rey comió hasta sentirse satisfecho. Lo alabó con la boca llena y le ordenó que le enviara siempre esa comida.
Luego miró al comerciante y le dijo: «¿Por qué tu collar es tan corto?».
Mientras hablaba, cogió diez perlas de su propio collar, gruesas y redondas como balas de escopeta. Su mujer las cogió rápidamente para él y se las colgó al cuello. El comerciante cruzó los brazos y le dio las gracias en el lenguaje de los ogros. El gran rey se marchó después, montado en la tormenta como si volara.
El comerciante había vivido cuatro años con su mujer cuando ella dio a luz a trillizos: dos varones y una niña; todos ellos tenían el aspecto exterior humano, al contrario que su madre.
Un día se encontraba el comerciante solo en casa; una mujer de otra cueva se presentó e intentó inducirle a que cayera en la tentación. Él no quería. La ogresa se enfadó y lo cogió por debajo del brazo. Mientras tanto, su mujer llegó a casa y ambas se Enzarzaron en un horrible combate con las manos.
La esposa mordió a la otra en una oreja y la otra se fue. Desde entonces la ogresa vigiló a su marido y no permitió que lo miraran.