Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Volvieron a pasar tres años y los niños fueron aprendiendo a hablar. Él también les enseñó el lenguaje de los hombres. Crecieron y se hicieron tan fuertes que podían andar sobre las montañas como si fuera un llano.
Un día en que su mujer se había ausentado con uno de los niños y con la niña durante media jornada, el viento del norte soplaba con fuerza y en el corazón del comerciante creció la añoranza de su antiguo hogar. Cogió a su hijo de la mano y lo llevó a la orilla del mar. Allí estaba todavía su viejo barco. Subió con su hijo a bordo, y en un día y una noche volvió a Annam.
Al llegar a su casa, vio que su mujer se había casado mientras tanto con otro hombre. Cogió dos de sus perlas y las vendió con una ganancia de mucho oro, con lo que podía mantener una casa elegante; a su hijo le dio el nombre de Pantera. Cuando tuvo catorce años era tan fuerte que podía levantar un peso equivalente a quince quintales. Pero era rudo y le gustaba la lucha. El general de Annam, sorprendido por su valor, lo nombró coronel, y realizó tales servicios en el sofocamiento de una rebelión que con dieciocho años ya era ayudante de general.
En aquel tiempo, otro comerciante había sido también arrastrado a la isla Wo-Me por la tormenta.