Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Al oeste de la antigua capital de Lo Yang había un monasterio en ruinas. Allí había una pagoda monstruosa que tenía varios cientos de pisos. En su punto más alto podían sostenerse de pie tres o cuatro personas.
En los alrededores vivía una linda muchacha; un día de verano que hacía calor, ella estaba en el patio para refrescarse. Se levantó de repente un remolino producido por una tormenta y se llevó a la muchacha. Cuando abrió los ojos se encontraba en la cumbre de la pagoda. Junto a ella estaba un muchacho vestido como un estudiante.
Él era muy guapo y cortés. Le dijo: «Hemos sido destinados por el cielo el uno para el otro».
Luego cogió pan y vino y celebró con ella la boda. Desde entonces, se asentaba durante el día y volvía por la noche. Cuando se iba, cerraba con piedras la entrada de la pagoda. También había destruido algunos tramos de las escaleras para que ella no pudiera salir de su encierro. Cuando él llegaba a casa, siempre traía vino y comida que repartía con la muchacha. También le regalaba maquillaje y polvos, trajes y faldas, y todo tipo de adornos. Decía que lo había comprado en el mercado. También colgó un carbunclo, de forma que por la noche la pagoda estaba bien iluminada. La muchacha tenía todo lo que su corazón deseaba; pero, a pesar de todo, no se sentía bien.
