Cuentos Chinos
Cuentos Chinos A lo largo del mes, él había ido teniendo confianza en ella y un día, al marcharse, se olvidó de cerrar la ventana. La muchacha lo espiaba en secreto y entonces vio cómo su muchacho se convertía en un ogro con los cabellos rojos como la rubia y el rostro negro como el carbón. Las pupilas se le salían de las órbitas y la boca se asemejaba a una sopera de sangre. Entre los labios asomaban afilados colmillos y dos alas batían en su espalda. Voló hacia la tierra y volvió a convertirse en un ser humano.
La muchacha estaba asustadísima y se echó a llorar. Miró hacia abajo de la pagoda; vio a un paseante que se acercaba. Le llamó, pero la pagoda era tan alta, que su voz no llegó hasta abajo. Le hizo señas con las manos, pero el paseante no miraba hacia ella. Ya no sabía qué hacer, cuando, de pronto, se le ocurrió lanzarle los antiguos vestidos que había llevado puestos con anterioridad. Se agitaron con el aire y llegaron al suelo.
El paseante cogió la ropa, entonces miró a la parte superior de la pagoda y descubrió arriba del todo, en la zona más alta, un personajillo que le pareció una muchacha, pero no podía distinguir los rasgos de su rostro. Durante mucho tiempo se esforzó en vano y finalmente se hizo una luz.