Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Un día su mujer le dijo: «Mañana por la mañana es el cumpleaños de mi madre y tú tienes que ir también a felicitarla. Seguro que nos ofrecerán vino y comida. Puedes beber el vino, pero no se te ocurra probar la comida. ¡Recuérdalo bien!».
Al día siguiente, la mujer y su marido entraron en la sala y la felicitaron. Ambos padres parecían contentísimos y les esperaban con vino y con dulces. El yerno bebió, pero no comió nada. Los padres políticos lo inducían con palabras agradables y actitudes corteses a que los probara. El yerno no sabía cómo iba a salir del aprieto. Al final pensó que no le deseaban mal alguno y, cuando vio en el plato las gambas frescas y hermosas y los cangrejos, comió un pedacito muy pequeño. Su mujer le lanzó una mirada de censura. Hizo como si estuviera bebido y quiso despedirse.
La suegra le respondió; «Hoy es mi cumpleaños. ¡Tienes que probar la pasta de cumpleaños!». Luego le colocó una gran fuente delante con cintas de pasta que parecían hilos de plata, condimentados con carne grasa y olorosas setas. El esposo no había probado manjares tan deliciosos en los tres años que había permanecido en la casa. El aroma se le metió tentadoramente en la nariz y no pudo evitar coger los palillos. Su mujer le lanzó una mirada torcida; él hizo como que no la veía.