Cuentos Chinos
Cuentos Chinos «Mi hogar se encuentra a más de cien millas de aquí, en el Reino del Medio. Mi anciana madre vive todavía. Lo único que me preocupa es que seamos tan pobres».
La mujer le respondió: «Yo huiré contigo y buscaremos a tu madre. ¡No te apene tu pobreza!».
Con estas palabras cogió todas las perlas y piedras preciosas que estaban a la vista en la casa, las metió en un saco y le dijo al hombre que se las anudara a los riñones. También le dio un paraguas. De noche cerrada treparon al muro por una escalera y se marcharon.
Ella le dijo: «¡Lleva el paraguas a la espalda y corre tan deprisa como puedas! ¡No abras el paraguas ni mires a tu alrededor! Yo te seguiré disfrazada».
Él se dirigió como ella le había dicho hacia el norte y corrió con todas sus fuerzas. Había corrido durante un día y una noche más de cien millas, y ya había traspasado la frontera del país de los salvajes cuando le empezaron a fallar las piernas y sintió hambre. Ante él había una aldea de montaña. Se paró a la entrada de la aldea para descansar, sacó algo de comida de la bolsa y comió. Miró a su alrededor sin ver a su mujer.
Entonces se dijo para sus adentros: «Al final me ha engañado y no viene».