Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Todos los amigos y conocidos estuvieron de acuerdo y escanciaron vino para desearle suerte, y todas las conversaciones alrededor de la mesa giraban en torno a la virtud de la muchacha. Ella, sin embargo, se inclinaba profundamente y decía llorando: «Estoy gravemente enferma y voy a morir hoy o mañana. ¿Cómo voy a poder ser la esposa de este señor y a celebrar un matrimonio con él? Sólo os pido que me preparen una habitación donde pueda morir».
El padre miró disimuladamente a la muchacha y se dio cuenta de que su enfermedad era tan mala que no podía mandarla a la boda, entonces hizo que le prepararan una habitación en el patio de atrás para que pudiera vivir allí. Una sirvienta barrió el suelo, la llevó allí y le extendió mantas y cojines en el suelo.
El cuarto se utilizaba de ordinario como cámara para guardar el vino. En las cuatro paredes y en las esquinas había jarras de vino. La muchacha le preguntó sobre ellas a la sirvienta.
La sirvienta le respondió: «Es un buen vino añejo, si tenéis sed, podéis serviros a voluntad».