Cuentos Chinos
Cuentos Chinos «Éste es sólo mi cuarto de estudio», le contestó él.
«El sitio es bueno —le dijo la muchacha—. Si os apiadáis de mà y queréis salvarme la vida, nadie debe saber ni una palabra de que estoy aquû.
El joven se lo prometió y la escondió en la apartada habitación. Pasaron los dÃas sin que nadie supiera nada de ella. Al final le dio algunas pistas a su mujer. Ella se enfadó al saber que era una esclava de una casa importante y lo empujó para que la echara, pero él no le hizo caso.
Un dÃa que fue al mercado se encontró con un sacerdote que le miró asombrado. Le preguntó con quién se habÃa encontrado. «Con nadie», le contestó.
«No digáis que con nadie —le dijo el sacerdote—, estáis rodeado por un halo de desgracia. ¿Por qué decÃs que con nadie?».
El joven volvió a mentir con firmeza.
El sacerdote dijo entonces: «¡Es raro encontrar en el mundo a un hombre que va derecho a su muerte y que no quiere entrar en razón!».
El joven se desazonó con estas palabras y la muchacha le parecÃa un poco sospechosa. Pero luego pensó de otra manera: «A todas las claras es una hermosa muchacha. ¡Qué desgracia va a atraer sobre mÃ! Creo que el sacerdote ha querido ganarse un dinerillo con la nigromancia».