Cuentos Chinos
Cuentos Chinos En Taiyüanfu vivió un hombre que se llamaba Wang. Una mañana que había salido, encontró a una muchacha que llevaba un hato al brazo y que andaba sola. Avanzaba a duras penas con sus pequeños pies. Él apresuró el paso y la alcanzó. Era una muchacha preciosa de unos dieciséis años.
Le gustó mucho y por eso le dijo: «¿Adónde vais tan sola a una hora tan temprana?».
La chica le respondió: «Los extraños no pueden hablarse unos a otros de sus problemas. ¿Por qué os tomáis el trabajo de preguntarme?».
El joven le dijo: «¿Cuál es vuestra pena? Si puedo ayudaros, lo haré con mucho gusto».
La muchacha le respondió tristemente: «Mis padres no tenían dinero. Me vendieron como esclava a un hombre muy rico. Su mujer estaba celosa, por la mañana me regañaba y por la noche me pegaba. No lo aguanté más y me escapé».
«Y ¿adónde os dirigís?».
«La gente que se ha perdido no tiene hogar».
Entonces el jovencito le propuso: «Mi casa no está lejos de aquí. ¿Queréis tomaros la molestia de ir a ver qué os parece?».
La muchacha estaba muy contenta y aceptó. El joven le cogió el hatillo y se lo llevó a casa.
La chica vio que no había nadie en la habitación y le preguntó: «¿No tenéis esposa?».
