Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Otro día encendió en la habitación una vela enorme y Ies ordenó que la vigilaran para que el viento no la apagara. Era la hora del segundo relevo y el mago no había vuelto todavía. Estaban cansados y tenían sueño, así que se fueron a la cama y se quedaron dormidos. Cuando se despertaron, la vela se había apagado. Se levantaron rápidamente y volvieron a encenderla, pero el mago volvió a entrar y Ies reprendió otra vez.
«De verdad que no hemos dormido. ¿Cómo ha podido apagarse la vela?».
El mago siguió diciendo muy enfadado: «¡Me habéis dejado durante cincuenta millas en la oscuridad, y seguís diciéndome tonterías!».
Los discípulos tuvieron entonces mucho miedo.
Él practicaba todo tipo de artes negras de las cuales algunas son inenarrables.
Al correr el tiempo sucedió que uno de los discípulos tuvo amores prohibidos con la esclava favorita del mago. Él se dio cuenta, pero se lo calló y no dijo nada. Hizo que el discípulo fuera a alimentar a los cerdos. Apenas había atravesado la pocilga cuando se convirtió en cerdo. El mago hizo llamar al carnicero para que lo matase y vendió la carne. Nadie supo nada del asunto.