Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Érase una vez un hombre que pertenecía a la secta del loto blanco. Podía fascinar a la masa con sus artes de nigromancia, y muchos de los que adoraban las artes mágicas le tenían como maestro.
Un día el maestro quiso ausentarse. Colocó en la entrada un bol que estaba recubierto con otro bol y les ordenó a los discípulos que tuvieran cuidado con ella. Además, les advirtió que no abrieran el recipiente y miraran lo que había dentro.
Apenas se había marchado cuando los discípulos levantaron la tapa y vieron que en el recipiente había agua pura. En el agua había un barquito de paja con velas y mástiles como las de verdad. Se asombraron y lo golpearon con el dedo. Entonces se ladeó. Volvieron a colocarlo rápidamente en la posición inicial y cubrieron el recipiente. Pero el mago volvía a estar allí y Ies reprendió enfadado: «¿Por qué habéis desobedecido mi orden?».
Los discípulos se pusieron de pie y mintieron.
Pero el mago Ies dijo: «¡Mi barco se ha ladeado en el mar! ¡No podéis engañarme!».
