Cuentos Chinos
Cuentos Chinos HANGTSCHOU fue antiguamente la capital de la China del sur. Por allí había muchos mendigos. Los mendigos tenían la costumbre de elegir un representante que se ocupaba, ante el gobierno, de los que ejercían la mendicidad, pero tenía que vigilar que los mendigos no molestasen a los habitantes de la ciudad. Recibía de cada mendigo la décima parte de lo que sacaba. Cuando llovía y nevaba y no se podía salir a mendigar, tenía que ocuparse de que los mendigos tuvieran algo que comer, también se responsabilizaba de los preparativos de bodas y de entierros. Los mendigos le obedecían siempre.
En Hangtschou había también uno de estos príncipes de mendigos que se llamaba Gin, y en cuya familia se había heredado el cargo desde hacía ya siete generaciones. Los peniques que recibían de la mendicidad, los prestaban con intereses. De esta manera vivieron con comodidad y llegaron a ser ricos.
