Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Unos días más tarde, Mosü se puso en camino para ocupar su nuevo puesto acompañado de su esposa y de un séquito. De Hangtschou a Wu We, el viaje se hace por agua, así que cogieron un barco que les llevó hacia Yangtsekiang. El primer día llegaron a una ciudad en la que echaron el ancla. La noche era clara y la luna se reflejaba en el agua. Mosü se sentó en la parte delantera del barco para disfrutar de la luz de la luna. De repente empezó a pensar en el viejo príncipe de los mendigos. Su mujer era ciertamente buena e inteligente; pero cuando le diera hijos, seguirían siendo nietos del mendigo y esta deshonra no había quien se la quitara. Entonces concibió un plan. Llamó a Hijita de Oro para que saliera del camarote a ver la luz de la luna. Ella se acercó a él muy contenta. Los mozos, las sirvientas y la tripulación del barco hacía tiempo que se habían ido a dormir. Él miró en todas direcciones. No se veía a nadie. Hijita de Oro estaba de pie en la parte delantera del barco. No se esperaba nada malo cuando él la empujó al agua. Después se hizo el asustado y empezó a gritar; «¡Mi mujer ha dado un paso en falso y se ha caído al agua!».
Los sirvientes se levantaron rápidamente al oírle e intentaron sacarla del agua.
Pero él dijo: «La corriente ya la ha arrastrado, no trabajéis en vano». Luego ordenó precipitadamente que se continuara el viaje.