Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Hijita de Oro le escupió en el rostro y le dijo: «¡Tú, infame sin corazón!, eras pobre y pasabas necesidad. Te acogimos en la familia y te hicimos estudiar, de forma que lograste algo y te hiciste un nombre. Pero en cuanto recibiste el cargo oficial y te respetaron, se cambió tu amor en odio, olvidaste tus deberes de esposo y me tiraste al río. Por suerte encontré entonces a mi padrastro, que me recogió como si fuera una hija suya. Si no, mi tumba hubiera sido el estómago de los peces. ¡Cómo puedes llevar esto sobre tu conciencia! Y ¿cómo voy a estar de acuerdo con mi matrimonio y a vivir otra vez contigo?».
Después de haber dicho esto, empezó a llorar en voz alta y a gritarle a la cara una y otra vez que era un canalla sin corazón.
Mosü se quedó mudo de la vergüenza, postrado de rodillas ante ella y pidiéndole perdón.
Cuando el señor Hü vio que Hijita de Oro había armado suficiente jaleo con los insultos, le ayudó a levantarse y le dijo: «Querido hijo, si reconoces tu culpa, Hijita de Oro irá calmando su rabia. Sois pareja hace tiempo. Pero hoy en mi casa habéis vuelto a contraer matrimonio. Escuchad lo que os digo: Mosü, tú has cargado con una pesada culpa; por eso no tienes que enfadarte por que tu mujer esté un poco enojada, sino tener paciencia con ella. Voy a llamar a mi mujer para que os ayude a hacer las paces».