Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Mosü movía la cabeza golpeada y decía: «¿Qué he hecho?…». Pero al abrir los ojos, la única que se encontraba ante él era su esposa ¡Hijita de Oro!
Retrocedió asustado y gritó: «¡Un fantasma, un fantasma!». Pero todas las sirvientas se echaron a reír a carcajadas.
Al final aparecieron el señor Hü y su mujer, y él le dijo: «Mi querido yerno, ten la seguridad de que es mi hijastra, a la cual recogí en mi viaje hacia aquí, y no un fantasma».
Mosü cayó rápidamente de rodillas y dijo: «He pecado, ¡tened piedad de mí!», y no paraba de humillarse.
«Eso no tiene nada que ver conmigo —repuso el señor Hü—. Si nuestra hija quiere entenderse contigo ahora, está todo bien».