Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Érase una vez un descendiente de Confucio cuyo padre tenía un amigo que era funcionario en el sur y que tomó al joven como secretario. Pero al llegar al lugar en que iba a trabajar, el amigo de su padre había muerto. Se encontró en una situación muy apurada porque no tenía medios para pagar el viaje de vuelta a casa. Por eso buscó alojamiento en el monasterio de Puto, donde copiaba las escrituras sagradas para pagar su manutención.
A unos cien pasos al oeste del monasterio había una casa abandonada. Un día en que había caído una gran nevada, y que el joven Kung había llegado por casualidad a la puerta de la casa, vio a un muchacho bien vestido y de muy buena presencia. Le hizo una reverencia y le pidió que se acercara. Kung era culto y sensible al comportamiento cortés. Al ver que el joven sentía el mismo placer, le tomó simpatía y le siguió al interior de la casa. La casa estaba ricamente decorada. Había cortinas delante de las puertas y en la pared estaban colgados cuadros de buenos maestros antiguos. Sobre la mesa había un libro que tenía por título: Historia del Anillo de Coral. Anillo de Coral era el nombre de una cueva.
