Cuentos Chinos
Cuentos Chinos La muchacha se volvió a meter la bolita en la boca y dijo: «Ahora está bien».
Luego se marchó rápidamente a las habitaciones interiores. El joven Kung se levantó de un salto para ir a darle las gracias.
Ya se había curado de su enfermedad, pero sus pensamientos estaban siempre en los cuentos felices. Dejó de lado los libros y estaba todo el día como alelado. Su amigo, que se había dado cuenta, le dijo: «Hoy puedo por fin encontraros una bella esposa».
Él le preguntó; «¿Quién es?».
«La hija de mi tía, A-Sung. Tiene diecisiete años y no es nada fea».
«Seguro que no es tan bella como Giauna», pensó Kung.
Luego recitó en silencio los versos de una canción:
A quien la mar una vez contempló,
parecióle superficial el flujo de los ríos.
Cuando se ven pasar las nubes de la montaña Wu
nada se encuentra que las iguale.