Cuentos Chinos
Cuentos Chinos El jovencito sonrió: «Mi hermanita Giauna es todavía demasiado joven —le respondió—, Y además es la única hija de mi padre y a él no le gustaría que se casara con alguien de fuera. Sin embargo, mi prima A-Sung no es fea. Si no me creéis esperad a que vayan ambas a pasear al jardín, entonces podréis observarlas sin ser visto».
Kung se echó bajo la ventana al acecho y efectivamente vio a Giauna, que llevaba a una joven de la mano cuya hermosura era incomparable. Giauna y ella parecían hermanas y sólo la edad las diferenciaba.
El joven Kung estaba encantado y le pidió a su amigo que hiciera de mediador. Él aceptó. Al día siguiente ya vino a dar su enhorabuena y a comunicar la noticia de que todo estaba arreglado. Se erigió un pabellón especial para la joven pareja y allí se celebró el matrimonio. El joven Kung se sentía como si se hubiera casado con un hada y los nuevos esposos se amaron lo indecible.
Un día, el amigo vino excitado a ver a Kung y le dijo: «El propietario de esta casa vuelve y mi padre quiere que volvamos a Schensi. Se acerca la hora de los adioses. ¡Qué triste es todo esto!».
Kung quería irse con ellos, pero su amigo le aconsejó que volviera a su hogar.