Cuentos Chinos
Cuentos Chinos A-Sung vino también y entre ambas le llevaron a la cueva. Giauna hizo que A-Sung le sostuviera la cabeza y que su hermano le abriera la boca. Ella misma le agarró la barbilla y le colocó en la lengua su bola roja. Luego presionó los labios de él contra los suyos y sopló. La respiración volvió a su garganta con un ruido sordo y en poco tiempo había vuelto en sí.
Toda la familia estaba de nuevo reunida y nadie había recibido daño. Se recuperaron de sus miedos poco a poco y estaban completamente felices cuando llegó de repente un muchacho con el mensaje de que el marido de Giauna había muerto con el trueno y que toda la casa había sido destruida. Giauna se echó a llorar y los otros intentaron consolarla.
Al final Kung dijo: «No es bueno quedarse para siempre debajo de la tierra. ¿No queréis venir conmigo a mi casa?».
Empaquetaron sus pertenencias y volvieron al hogar. Les dio a su amigo y a su familia un jardín abandonado para que fuera su hogar, que ellos cercaron cuidadosamente. Sólo se abría la cancela cuando Kung y A-Sung venían. Giauna y su hermano jugaban con ellos al ajedrez, bebían vino y conversaban como si fueran miembros de su familia.
El hijito de Kung tenía un rostro un poco picudo, que recordaba a un zorro y cuando iba por la calle, la gente se volvía y le llamaba «Cría de zorro».