Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Wang Dsi Fu de Lo Tián en Gü Dschou había perdido a su padre siendo un niño. Era muy inteligente y ya con catorce años aprobó su primer examen. Su madre se ocupaba de él con mucho cariño y nunca le dejaba salir solo de casa. Le prometió con una mujer de la familia Siau que murió antes de que se celebrara el matrimonio. Todavía no había ninguna otra candidata propuesta, cuando ocurrió que en la fiesta de las linternas salió con su primo Wu por invitación de éste para poder hablar un poco con él. El primo Wu fue llamado a la salida del pueblo por uno de los servidores de su padre. Y Wang Dsi Fu decidió, con el corazón latiéndole, seguir él solo a esa corriente de nubes compuesta de muchachas alegres que iban en procesión. Delante de él iba una jovencita con su criada. Sus dedos jugaban con una ramita de almendro. Ninguna otra podía parangonarse con su belleza. Hubiera deseado atrapar su linda faz. Él la miró sin pudor, despreocupado de la curiosidad que suscitaba en los otros. Ella huyó riéndose y le dijo a la sirvienta: «Ese señor tiene brillantes ojos de ladrón». Y dejó caer la flor. Él la cogió lleno de melancolía; llegó a casa habiendo perdido el rumbo y muy intranquilo. Allí guardó su flor bajo la almohada y se quedó adormilado.