Cuentos Chinos

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39. La princesa rana[97]

En el Yangtsekiang central hay un culto muy ferviente a la princesa rana. Existe un templo en el que hay miles y miles de ranas, muchas de un gran tamaño. El que incurre en la cólera del dios, tiene en su casa visiones muy extrañas: las ranas se encaraman en las mesas y en las camas; en los peores casos se suben a las paredes lisas sin caerse. Hay distintos tipos de presagios, pero todos significan que sobre la casa planea la desgracia. Los habitantes se apresuran entonces a sacrificar una res y a llevarla como ofrenda. Así se calma el dios y no ocurre nada más.

En aquellas tierras vivía un niño llamado Siá Kung-Schong. Era inteligente y guapo. Cuando tenía unos seis o siete años se presentó una sirvienta vestida de verde en su casa. Ella se daba a sí misma el nombre de mensajera del rey de las ranas y dijo que el rey de las ranas quería casar a su hija con el joven Siá. El viejo Siá era un hombre recto y justo y como la cosa no le convencía, rechazó la propuesta argumentando que su hijo era todavía demasiado joven. A pesar de esta negativa no se atrevían a buscar otra prometida para el hijo.

Pasaron unos años y el joven fue creciendo. Le prometieron en matrimonio con una tal señorita Giang.

El rey rana le comunicó: «El joven Siá es mi yerno. ¡Cómo vas a atreverte a probar la fruta prohibida!». Entonces el padre de Giang se asustó y se volvió atrás en su palabra.


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