Cuentos Chinos
Cuentos Chinos La princesa dejó la casa y se marchó. Al día siguiente se declaró un incendio en la casa que se extendió a varios edificios. Ardió todo. Ardieron las mesas y ardieron las sillas.
Siá se enfadó y fue al templo a quejarse: «Echar a una hija que no se porta de acuerdo con los deseos de sus suegros, muestra que en la casa no hay ninguna disciplina. Vos la apoyáis encima en sus faltas. Los dioses son tenidos por muy justos. ¿También hay dioses que enseñan a los hombres a temer a su mujer? Además, toda la pelea fue por culpa mía. Mis padres no tienen nada que ver en eso. Yo mismo podría castigarme a pagar por mis actos y palabras. Pero no es eso lo que vos habéis hecho. Por lo tanto, yo también voy a quemar vuestra casa para darme el placer de la venganza».
Acto seguido se puso a amontonar leña delante del templo, encendió fuego y quería prenderla. Los vecinos se apresuraron hacia allí y le reprendían. Él, entonces, se tragó su rabia y se marchó a casa.