Cuentos Chinos

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Y si se miraba de cerca, realmente era eso lo que era. La gran montaña dista mil millas de la capital, Wu, y el hecho de que Confucio pudiera distinguir un caballo blanco a aquella distancia, mostraba su agudeza visual. Yán Hui ya nunca volvió a igualar a Confucio; aunque veía por lo menos algo blanco, por eso se le da el nombre de Segundo Sabio.

En otra ocasión cavaron un pozo en su casa. Entonces surgió un animal que parecía una oveja, pero que no tenía más que una pata. Nadie sabía lo que era, así que le preguntaron a Confucio. Él contestó: «Es una oveja saltarina; cuando se aparece, es señal de que va a haber grandes lluvias». Y, efectivamente, poco después hubo una fuerte lluvia.

Otra vez apareció en Yangtsekiang, en el campo, un objeto. Era verde y circular, del tamaño de un melón. El rey de Tschu se lo envió a Confucio e hizo que le preguntaran qué era. Él contestó: «La cosecha de remolacha verde da fruto en Yagtsekiang cada mil años una vez; el gobierno del mundo recae sobre quien lo encuentra».




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