Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Una vez estuvo enfermo el día del aniversario de la muerte de su madre y no pudo ir a la sepultura. Quería enviar a uno de sus primos a que hicieran una ofrenda para ella en su nombre. El criado fue a casa de todos ellos por orden; pero todos tenían una excusa para negarse. Por eso hizo la ofrenda en casa y lloró ante la tablilla que había erigido en su memoria. Eso le hizo darse cuenta de que no tenía ninguna descendencia. A partir de ahí, la enfermedad fue de mal en peor.
Mientras estaba aletargado sintió que alguien le acariciaba. Abrió un poco los ojos y vio a su madre. Asustado, le preguntó por qué había venido.
Ella le contestó: «Como no hay nadie en casa para visitar mi tumba, he venido aquí a comer, y entonces he visto que estabas enfermo».
Ella le preguntó adónde le gustaría irse a vivir. Él respondió: «Al sur, al mar».
Cuando hubo dejado de acariciarle, él sintió que se le enfriaban los miembros, abrió los ojos y miró a su alrededor, pero allí no había nadie. Su enfermedad empezó a mejorar.