Cuentos Chinos
Cuentos Chinos En el lejano este, en medio del Gran Mar, hay una isla que se llama la montaña de las Flores y de los Frutos. En esa montaña hay una elevada peña. Desde el principio del mundo había reunido en sí todas las fuerzas secretas de las semillas del cielo y de la tierra, del sol y de la luna. De ahí provenía su extraordinaria fuerza generadora. Un día reventó y produjo un huevo de piedra. Era redondo como una bola. Del huevo empollado con tuerzas mágicas salió un mono de piedra. Se inclinaba hacia todos los lados. Luego fue aprendiendo paulatinamente a andar y a saltar. En sus ojos ardían dos rayos de brillo dorado. Atravesaban hasta el más alto de los palacios del cielo y el Señor del Cielo tuvo miedo de ello. Envió al dios Ojos Que Veían Mil Millas y al dios Fino Oído a que se enteraran de lo que ocurría. Los dos dioses le informaron: «Los rayos provienen de los ojos del mono de piedra, que ha nacido de la piedra mágica; no hay razón para estar inquieto».
El mono fue creciendo, corría y saltaba por los alrededores, bebía de la fuente de los táleros y comía flores y frutas, y el tiempo se le pasaba como si fuera un juego sin fin.
