Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Este encargo complació al Santo y le dio las gracias. Fue al huerto, donde los jardineros y los guardias le recibieron de rodillas. Él Ies preguntó: «¿Cuántos árboles hay en el huerto?».
«Tres mil seiscientos —le contestó el jardinero—. En la primera fila hay mil doscientos. Dan flores rojas y frutos pequeños. Cada tres mil años están maduros. El que come de ellos está sano y joven. Los mil doscientos de la fila de en medio tienen grandes flores y dan frutos dulces. Maduran cada seis mil años. El que come de ellos puede columpiarse en el amanecer sin hacerse viejo. Los mil doscientos de la última fila dan frutos a rayas rojas que tienen pequeñas semillas. Maduran cada nueve mil años. El que come de ellos tiene una vida tan larga como la del cielo y no cambia durante miles de eones».
El Santo se alegró de escucharle. Comprobó las listas y, a partir de entonces, venía cada dos días a echar una ojeada. Los melocotones que estaban más atrás estaban ya casi todos maduros. Entraba en el huerto, enviaba a los guardianes y a los jardineros fuera con algún pretexto, se subía a los árboles y cada vez comía tantos melocotones como quería hasta hartarse.