Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Al entrar ambos en presencia del Señor del Cielo, éste le dijo: «El rango de Igual al Gran Santo del Cielo es muy elevado. Ahora ya no puedes montar escándalos». El Gran Santo le dio las gracias y el Señor del Cielo ordenó a dos hábiles maestros artesanos que le construyeran un palacio al este del huerto de melocotoneros de la Reina Madre del Oeste. Fue llevado al palacio con todos los honores.
Ahora el Santo estaba en su elemento. Tenía todo lo que su corazón deseaba y no estaba obligado a hacer ningún trabajo. Él se dejó hacer, e iba a capricho a pasear por el cielo y visitaba a los dioses. Hablaba a los tres Puros y a los cuatro soberanos con cierto respeto, pero a los Dioses del planeta, a los Señores de las Veintiocho Casas de la Luna y a los Creadores de las Familias de Animales y al resto de estrellas Ies llamaba confiadamente de tú. Y cada día se paseaba por las nubes del cielo sin tener nada que hacer.
Un sabio le dijo al Señor del Cielo: «El sagrado Sun está ocioso día tras día. Es de temer que llegue a tener pensamientos negativos. Sería mejor que le encargáramos alguna función».
El Señor del Cielo llamó al Gran Santo y le dijo: «Los melocotones de la vida en el huerto de melocotoneros de la Reina Madre estarán pronto maduros. Te encargo de que los vigiles. ¡Cumple concienzudamente con tu deber!».