Cuentos Chinos

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El Gran Santo tomó entonces la apariencia del de los Pies Descalzos y se dirigió al palacio de la Reina Madre. Allí hizo bajar su nube y entró tranquilamente. La comida ya estaba preparada, pero todavía no había llegado ningún dios. Olió de repente el aroma del vino y vio en una habitación de al lado unas cien tinajas llenas de delicioso néctar. La boca se le hizo agua. Se arrancó algunos pelos y se convirtió en gusano del sueño. Estos gusanos se deslizan en las narices de los escanciadores y todos se duermen. Luego se dejó caer entre las deliciosas viandas, abrió las tinajas y bebió hasta que cogió una gran borrachera. Entonces se dijo para sí: «Esto no es nada seguro, mejor será que me vaya a casa a dormir». Salió del jardín con pasos inseguros, dando traspiés. Se confundió de camino y llegó a la casa de Lao Tse. Allí volvió en sí. Puso sus vestiduras en orden y continuó avanzando. Allí dentro no se veía a nadie, porque Lao Tse se encontraba en ese momento de visita en casa del dios de la Luz hablando con él, y todos sus sirvientes estaban con él y le escuchaban. Como no encontró a nadie, el Santo entró en la habitación más interior donde Lao Tse solía preparar el elixir de la vida. Junto al horno había cinco calabazas que estaban llenas con las píldoras de la vida ya listas. El Santo se dijo: «Hace tiempo que tengo la idea de preparar unas cuantas de estas pastillas. Así que me viene muy bien encontrarlas aquí», de modo que sacudió las calabazas y se comió todas las píldoras de la vida; como había comido y bebido bastante pensó para sí: «¡Malo, malo! Lo que he preparado no tiene arreglo. Si me cogen mi vida no va a estar segura. Así que es mejor que baje a la tierra y que siga siendo rey». Se hizo invisible y salió por la puerta oeste del cielo y volvió a la montaña de las Flores y de los Frutos, donde Ies contó a los suyos, que salieron a recibirle, sus aventuras. Cuando habló del néctar del huerto de los melocotoneros, sus monos le dijeron: «¿No podéis volver y robarles un par de botellas de vino, para que nosotros las probemos y seamos inmortales?».


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