Cuentos Chinos

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Buda volvió a responderle sonriendo: «Vamos a hacer una apuesta. Si con una voltereta puedes salir de mi mano, yo le rogaré al Señor del Cielo que te haga un sitio, pero si no sales, aceptarás que te ponga una cadena».

Sun Wu Kung se aguantó la risa, porque pensaba: «¡Este Buda es un loco! Su mano no mide un pie. ¿Cómo no voy a poder saltarla?». Así que dijo con la boca grande: «Sí».

Buda extendió su mano. Parecía una hojita de loto. Sun Wu Kung saltó encima con un salto. Luego dijo «¡Fuera!», y dio una voltereta tras otra, pero lo único que hacía era girar como un torbellino. Mientras silbaba, vio cinco altas columnas rojas que se elevaban hacia el cielo y pensó: «Éste es el fin del mundo. Voy a volver y a convertirme en Señor del Cielo, pero antes quiero escribir aquí mi nombre como testimonio de que estuve aquí». Se arrancó un pelo, se convirtió en pincel y escribió con mayúsculas en la columna central: «El Igual al Gran Santo». Luego dio una vuelta alrededor y alivió sus necesidades en la primera de las cinco columnas. Después dio una voltereta para volver al sitio del que había venido. Saltó de la mano y dijo sonriendo: «Bueno, ¡ahora date prisa en hacer que el Señor del Cielo me acomode su palacio! Fui al final del mundo y dejé allí constancia».


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