Cuentos Chinos

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Buda le interpeló: «¡Mono infame, me has meado en la mano! ¿Me quieres hacer creer que has salido de mi mano? ¡Mira a ver si en mi dedo del centro está escrito “El Igual al Gran Santo” o no! Y mi pulgar está todavía mojado. ¿Sigues pretendiendo tener razón?».

Sun Wu Kung se asustó muchísimo, pues vio de una sola ojeada que era cierto. Dijo en voz alta que no se daba por satisfecho y que quería intentarlo otra vez, para así poder aprovechar la oportunidad de marcharse de allí. Buda le cubrió con su mano. Le sacó de la puerta de la ciudad y construyó una montaña de agua, fuego, madera, tierra y metal, con la que le cubrió cuidadosamente para que se quedara allí dentro. Un encantamiento que le hacía quedarse pegado a las rocas le mantuvo quieto.

Allí tendría que quedarse cientos de años hasta que se convirtiera y se liberara ayudando al monje de Yantsekiang a recuperar las sagradas escrituras del Oeste. Honró al monje como maestro y a partir de entonces se llamó El Errante. Guan Yin, a la que liberó, dio al monje una cadena de oro. Sun Wu Kung estaba determinado a llevarla e inmediatamente se le pegó a la carne, de forma que no podía quitársela. Guan Yin le dio una fórmula mágica al monje, con la que podía estrechar el anillo si el mono no quería obedecerle. A partir de ahí fue obediente y bien educado.


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