Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Se dice, asimismo, que los sabios tienen un halo rojo sobre sus cabezas, que hace que los demonios, espíritus y zorros se atemoricen cuando lo ven.
Pues había una vez un sabio que tenía un zorro por amigo. El zorro se lo llevaba por las noches y se iban a pasear por la aldea. Podían entrar en las casas y ver lo que ocurría dentro de ellas sin que la gente se diera cuenta de su presencia. Pero cuando veían a lo lejos una casa sobre la que había un halo rojo, el zorro no entraba. El sabio le preguntó la razón.
«Ahí hay sabios famosos», le contestó el zorro.
«Cuanto mayor es el brillo, más inaprensible es la imagen. Yo me atemorizo ante ellos y no me atrevo a estar entre ellos».
El hombre le dijo: «Yo también soy un sabio. Yo no tengo halo alguno, puesto que tú no me tienes miedo, sino que vienes a pasear conmigo».
«Sobre tu cabeza sólo hay una pelusilla negra —le contestó el zorro—. Yo nunca te he visto el halo rojo a ti».
El sabio se avergonzó e hizo un alegato, pero el zorro desapareció entre carcajadas.