Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Uno de los huéspedes volvió a tomar la palabra: «Esta noche es realmente un placer estar juntos. Pronto no seré ya el señor del vino. ¿Qué tal si me acompañáis a beber el último vaso en el castillo de la luna?». Los tres se levantaron de las esterillas y se fueron a la luna. Los discÃpulos vieron cómo estaban los tres en la luna. PodÃan distinguir claramente sus barbas y sus pupilas, todo se veÃa tan diáfano como la imagen en un espejo.
Tras un cierto tiempo, la luna fue perdiendo su brillo. Los discÃpulos fueron a buscar una luz. Cuando volvieron, el sacerdote estaba solo, los huéspedes habÃan desaparecido; pero los restos de la comida estaban aún sobre la mesa. La luna de la pared seguÃa colgada, pero ya sólo era un cÃrculo de papel. El sacerdote les preguntó: «¿Habéis bebido suficiente?». Ellos le contestaron: «Sû.
«Pues si ha sido suficiente, idos pronto a dormir, de forma que mañana podáis trabajar».
Los discÃpulos se marcharon respetuosamente. Wang se sentÃa de nuevo fortalecido por los acontecimientos y habÃa desaparecido su nostalgia del hogar.
Volvió a pasar otro mes, el cansancio era inaguantable y el sacerdote no le habÃa confiado un solo secreto.