Cuentos Chinos
Cuentos Chinos El segundo huésped habló entonces: «Tú nos has procurado una bella luz de luna; nosotros bebemos tan tranquilos a su resplandor. ¿Y si llamáramos al hada de la luna?».
Al mismo tiempo cogió un bastoncillo de comida y lo arrojó en el círculo de la luna. Vieron llegar a ellos una bella muchacha entre el resplandor de la luna. Al principio no medía más de un pie; cuando tocó el suelo, tenía la talla de un ser humano. Era estrecha de caderas y tenía un delicado cuello e iba vestida de ondeantes túnicas: bailaba la danza del arco iris y cantaba al mismo tiempo:
¡Todos vosotros, inmortales, queréis escapar
y dejarme sola en el recinto de la inmensidad!
Su voz sonaba clara y pura como una flauta. Cuando hubo terminado la canción, se alzó como un torbellino y saltó a la mesa. Mientras todos la observaban asombrados, se volvió a convertir en el bastoncillo.
Los tres ancianos rompieron a reír a carcajadas.