Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Y luego le dijo: «¡Hale, pasa!». Wang se quedó parado con el rostro vuelto hacia la pared y no se atrevió a avanzar. El sacerdote le dijo: «¡Pero intenta pasar!». Él intentó atravesar entonces el muro pero no lo consiguió.
El sacerdote le explicó: «Tienes que agachar la cabeza y pasar sencillamente, tan tranquilo, sin sentir miedo».
Wang se alejó algunos pasos y corrió hacia el muro, pero cuando llegó a él, miró a su alrededor y no vio nada. Observó a su alrededor y vio que realmente estaba fuera. Se sintió muy feliz, volvió a entrar y dio las gracias.
El sacerdote le respondió: «¡Ahora vuelve a tu hogar, si no lo haces, perderás el poder!». Le dio alimentos para el viaje y le despidió.
Llegado a su hogar, Wang se vanagloriaba de haber conocido a un santo y de que los muros más gruesos ya no fueran un obstáculo para él. Su mujer no le creía. Entonces él quiso mostrarle su arte, se alejó algunos pasos del muro y se lanzó a él. Se dio de cabeza contra el duro muro, rebotó y cayó. La mujer le ayudó a levantarse y le miró. Tenía un chichón en la frente del tamaño de un huevo… Su mujer se burló de él. Él se sentía avergonzado y furioso y enrabiado contra el anciano sacerdote como hacen los hombres de escasa inteligencia.