Cuentos de hadas Rusos
Cuentos de hadas Rusos Al oír esto, la vieja Yaga dio un brinco y se apresuró a llenar de atenciones a su huésped. Le preparó una cena espléndida y un lecho blando para que durmiese bien y luego salió ella de casa y pasó la noche afuera. Al día siguiente, el Príncipe le contó sus aventuras y le expuso sus planes.
- Príncipe Junak -dijo ella,- has acometido una empresa dificilísima, pero tu valor hará que la termines con éxito. Te diré cómo has de dar muerte a Kostey, pues sin esto nada puedes hacer. En medio del Océano está la Isla de la Vida Eterna. En la isla crece un roble y al pie de éste, escondida bajo tierra, hay un arca forrada de hierro. En el arca está encerrada una liebre y bajo ella hay una oca que tiene un huevo. Dentro del huevo está la vida de Kostey. Cuando se rompa morirá el gigante. Adiós, Príncipe Junak, anda y no pierdas tiempo. Tu caballo te llevará a la isla.
Junak montó su caballo, le dijo unas palabras al oído y el noble animal se lanzó al espacio, veloz como una flecha. Pronto dejaron lejos el inmenso bosque con sus gigantescos árboles y llegaron a la orilla del mar. Unas redes estaban tendidas en la arena y un pez grande, que se debatía y forcejaba por librarse de una de ellas, habló al Príncipe con voz humana:
- Príncipe Junak -le dijo apenado,- líbrame de estas redes y te aseguro que no te dolerá el favor que me hagas.