Cuentos de hadas Rusos
Cuentos de hadas Rusos Junak accedió al ruego, y dejó el pez en el agua. El animal nadó y desapareció de la vista, pero el Príncipe pronto olvidó el incidente, preocupado con sus propios pensamientos. Lejos muy lejos se veían los peñascos de la Isla de la Vida Eterna; pero no daba en la manera de llegar hasta allí. Apoyado en su maza, no hacía más que pensar y pensar y cada vez estaba más triste.
- ¿Qué te pasa, Príncipe Junak? ¿Te ha ofendido alguien? -le preguntó el caballo.
- ¿Cómo quieres que no esté triste, si tengo la isla a la vista y no puedo pasar de aquí? ¿Cómo vamos a cruzar el mar?
- Súbete a mis lomos, príncipe, y te serviré de puente. El caso es que te agarres bien.