Cuentos de hadas Rusos
Cuentos de hadas Rusos - Si lo vieras, acuérdate de mí: la pobre ballena hace tres años que está cruzada entre dos mares y de tanto pasar por encima de ella la gente a pie y a caballo se le ha marcado un camino en el lomo. ¿Cuánto tiempo ha de permanecer así?
- Bueno -dijo Basilio- se lo diré.
Basilio siguió andando, andando hasta que llegó a un prado verde donde se levantaba un magnífico palacio. Brillaban las paredes de mármol, los tejados lucían como un arco iris, cubiertos de madreperlas, y los cristales de las ventanas parecían despedir llamas, heridos por el sol. Basilio entró al palacio, recorrió las habitaciones y se maravillaba ante la indescriptible riqueza que allí había. Por fin llegó a una sala interior y allí encontró a una hermosa doncella sentada en un lecho. Cuando ella vio al joven exclamó:
- Basilio el Infortunado, ¿cómo has venido a parar a este maldito palacio?
Basilio se lo contó todo y le dijo a qué iba y cuanto le había sucedido en el camino. Y la doncella dijo a Basilio:
- No te han enviado para cobrar las rentas, sino para alimento de la serpiente y para tu propia ruina.